Casi la única respuesta que consiguieron los estudiantes de comunicación social al visitar la morgue fue la negativa a ceder información
Cuando entraron a la recepción de la morgue de Bello Monte había solo una cosa en la cabeza de los cuatro ucabistas: el olor. Cuando lograron salir del shock provocado por el aroma a fiambre (que fue solo un larguísimo segundo) se dirigieron al escritorio de la recepción. Mientras esperaban que el oficial encargado colgara el teléfono desfilaron detrás de ellos una veintena de sujetos esposados los unos a los otros por las muñecas y escoltados por dos agentes del CICPC (¿Frutos de la operación Madrugonazo tal vez?). Uno de ellos le lanzó como si nada una sonrisa desdentada a una de las estudiantes, que gracias a dios no se dio cuenta.
"Buenas, ¿en que les puedo ayudar?" dijo Dumon Dicdalva, que ya había colgado el teléfono ("Verga...anda al kioskito a comprar un incienso ahí pues Ramírez", dijo otro efectivo cercano). A medida que los estudiantes le explicaban su propósito vieron como se dibujaba la negación poco a poco en su cara, sin embargo les exhortó a que preguntaran muy apresuradamente y con modales más que dudosos. Al soltar la primera pregunta la negación encarnó en palabras: "Esa información es confidencial", "No podemos darle esas estadísticas", "Entiendame, no es que yo no se la quiera dar, son las reglas, es mi trabajo", etc. Como señal de buena fe incluso trató de hacer que un oficial de aspecto superior hablara con nosotros, a lo que respondió con una petición de que "por favor no me ande pichando".
Finalmente Dumon dijo que de verdad no podía darles la información que necesitaban, y preguntó casí de burla "¿Pero ustedes no leen el periódico? Ahí siempre sale algo". Claro que leen el periódico, claro que saben que entraron 48 muertos a la morgue entre los pasados viernes y lunes, pero necesitábamos oirlo de él, de la boca de un CICPC. Sin embargo, al comprender que no tenía caso seguir haciendo las mismas preguntas y recibiendo las mismas respuestas, los estudiantes no tuvieron otra opción que por fin emerger del hedor de aquel horrible lugar e irse con el mismo conocimiento con el que llegaron y las chicas con la falsa esperanza de que lo que habían olido "...no era muerto, verdad?"
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Bien. Por ahí hay un acento mal puesto.
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