César Elster, de 31 años de edad, es un tipo grande, es alto y está pasado de peso, él ha tenido una larga carrera como representante de talentos en Venezuela, es un personaje conocido en la farándula rockera caraqueña como El Pollo, y en este entorno farandulero se ha destacado como el manager de algunas de las bandas más importantes de esta escena como Todosantos, Telegrama y La Vida Bohéme, al igual que de artistas plásticos como Basil Faucher.
Para describir su trabajo, dice: “Yo cumplo una función de traducción: es mi trabajo traducir lo que un artista quiere decir y darle opciones con respecto a que imagen proyecta, que se basa en esto que quiere decir. Es interesante que mi trabajo parte del principio de negar que yo existo, que tuve algo que ver con la creación de la imagen que construyo. La idea es que el representado sea ‘cool’, no yo. Los buenos managers de imagen nunca dicen ‘esto lo hice yo’, se pierde la magia, no es para nada la idea.”
“Este trabajo es como hacerle el empaque a cualquier producto, cada artista es un proyecto diferente, un producto. Cada producto tiene atributos diferentes, y esos atributos deben reflejarse a nivel gráfico, fotográfico, audiovisual, etc. Uno decide que atributos resaltar, que atributos disminuir. Cada artista con el que he trabajado le he asignado un diseñador gráfico diferente. me parece bueno que un músico se 'apropie' de un diseñador o de un artista plástico y viceversa. Eso es bueno para ambas partes: siempre vas a asociar a un artista con una estética y probablemente si ves algo con esta estética te remitirá, en menor o mayor grado, a este artista. Esto tal vez no les guste mucho a algunos artistas pero a mi me encanta: que haya una línea consistente. Soy creyente de crearle un equipo a un artista y que sus ideas crezcan y se desarrollen juntas. estoy en desacuerdo con los artistas que cambian de diseñador, o de equipo de trabajo, hasta gerencialmente. Mira el caso U2, por más que odie esa banda, hay que reconocerles que han perdurado con una línea consistente durante toda su carrera y por eso aún hoy tienen éxito, a pesar de la idiotez de Bono y The Edge.” En cuanto a la importancia de su trabajo, expresó la absoluta necesidad de la existencia de este para el éxito de un talento. “Todo artista necesita una imagen, aunque se las quieran dar de los más 'punky' del mundo, todo el mundo tiene la necesidad de definir como te vas a proyectar y como te vas a vender. El caso de Todosantos es un claro ejemplo de esto: empezando Todosantos, Alberto Stangarone tenía el pelo por la cintura, se lo amarraba como la princesa Leia, era un poco patético.
A la vez Ernesto Pantin se vestía como rapero porque es primo de Dj Trece y tal. Entonces veías en tarima a la princesa Leia con mini-Trece, pero sonaban como Postal Service, entonces decías ‘guao, esto no cuadra nada’. Y es que no importa que tan punk te creas, eso no tiene sentido, debe haber una imagen acorde al mensaje. Los tuvimos que llevar a la peluquería”.
Probablemente el trabajo más importante en cuanto a imagen en la carrera de Elster ha sido la imagen de La Vida Bohéme, banda sensación del momento, caso que sirve muy bien para ejemplificar su trabajo: “Lo de la pintura de La Vida Bohéme es toda una historia, oí la música y me recordó a Manchester en el 78, con Factory Records y toda esa movida. Una de las bandas de esta movida, The Stone Roses, tenía una sesión de fotos pintados así, a lo Pollock.
Se la mostré a los chamos y ahí empezó la cosa, Pablo Iranzo tomó la idea y le dio un twist: manchas que refirieran al homicidio, manchas como cuando salpica la sangre cuando se apuñala a alguien (no se si lo has visto en CSI), con un color por miembro de la banda. Pero entonces Pablo no pudo venir para todos los shows y terminaron pintándose ellos mismos, entonces que si el de verde se pintaba y salpicaba al de azul y así. Al final terminó no importando el color coding y terminaron pintándose todos con todo. A Pablo le iba a dando un infarto pero a mi me pareció algo bonito, fue una evolución natural y espontánea. Llegó un día que Henry me dijo 'Quiero pintar a la gente de la tarima para abajo'. Yo le dije que se iba meter en un problema, que cuando ensucie al primero que no debió haber pintado se iba a parar un peo. Me pidió que le llevara las pinturas un día que tocaban en El Teatro, yo me hice el loco y le dije que se me olvidaron. Me reclamó pero resulta que alguien en el público llevó un pote de pintura y se lo lanzó cuando estaban tocando, le manchó toda la guitarra, una locura, yo estoy seguro de que él tenía eso planeado pero jamás lo va admitir. Y así empezó todo, pensé 'lo justo es justo, si la pintura va de abajo hacia arriba, se vale también de arriba hacia abajo'. La validación conceptual de la banda (no la mía, yo estuve en desacuerdo con la idea desde el principio) era que al hacer eso la línea que dividía la tarima y el público desaparecía, o mejor dicho daba la ilusión de que desaparecía”.


